En un mundo obsesionado con la automatización, un barrio de Santiago de Chile ha decidido desconectarse para recordar lo que significa ser humano. Durante 24 horas, la plataforma Quili.ai desactivó sus algoritmos y centros de datos para cederle el control a un «servidor» inusual: 50 vecinos de la comuna de Quilicura.
La campaña pone sobre la mesa una cifra que la industria tecnológica rara vez menciona: cada interacción con un chatbot de inteligencia artificial puede consumir hasta 2 litros de agua para refrigerar los servidores. En contraste, el equipo de vecinos voluntarios logró responder 25,000 consultas provenientes de 68 países diferentes, utilizando únicamente su experiencia, empatía y sentido del humor.
«La acción no busca ir en contra de la tecnología, sino poner en valor aquello que no se puede programar», explica el equipo creativo detrás de la pieza. Mientras la IA intenta predecir la siguiente palabra basándose en probabilidades, los vecinos de Quilicura ofrecieron respuestas cargadas de contexto cultural y conexión real, demostrando que la inteligencia más eficiente sigue siendo la nuestra.
IMPACTO GLOBAL DESDE LO LOCAL
Lo que comenzó como un experimento vecinal escaló rápidamente a un fenómeno global. Medios internacionales replicaron la noticia, buscando que esta acción no solo se llevara a cabo en esta localidad de Chiles, sino que comunidades grandes dcidieron simplemente dejar d eutilizar la IA durante todo un día.
Sobre Quili.ai y los creadores
Desarrollada por NGEN y Tombras Niña, esta iniciativa marca un precedente en la comunicación publicitaria actual, moviéndose desde el storytelling (contar historias) hacia el storydoing (generar acciones de impacto real). La campaña refuerza la idea de que, en la era del «scroll» infinito y los datos fríos, la verdadera innovación es volver a escucharnos.
